You are using an outdated browser. For a faster, safer browsing experience, upgrade for free today.

Los Musicales en el Cine

Los Musicales en el Cine

Por Sebastian Zavala.

¿De qué está hecho un buen musical? Evidentemente se puede trata de algo bastante subjetivo, pero no hay duda de que, como en el caso de cualquier otro género cinematográfico, se pueden utilizar diferentes argumentos para demostrar que algún musical en particular es bueno o malo. Ciertamente hay ciertas reglas —o ni siquiera eso, sugerencias, que uno puede tomar en cuenta a la hora de desarrollar un musical, por lo que tratará de explorarlas hasta cierto punto en este texto.

No se preocupen, no se tornará en nada demasiado denso. No estoy acá para eso.

Personalmente, yo disfruto de los musicales que utilizan los números de canto y baile para avanzar la trama, o para decirnos algo sobre sus protagonistas. Consideren, si no, musicales como Los Miserables o La La Land, los cuales no podrían ser más diferentes en tono, temática e incluso, para algunos, calidad. Lo que tienen en común es que ambos utilizan la música para los objetivos anteriormente mencionados; cada canción nos dice algo nuevo sobre los protagonistas, sobre sus intereses, sus conflictos internos o externos, la vida que tienen en el momento, o avanza la trama, introduciendo nuevos conflictos o problemas o giros en la narrativa.

Se trata, pues, de un recurso que no solo le permite a la película en convertirse en una experiencia musical memorable, si no también funcionar como una historia bien construida. La trama no se detiene cada vez que alguien se pone a cantar o bailar; más bien, la música es utilizada a servicio de la historia, lo cual le da un ritmo más ágil a la cuestión. Imagínense, si no, una película en la que la historia se detiene completamente durante cada número musical (estoy seguro que deben tener varios ejemplos en la mente); esto hace que uno termine odiando la música, porque siente que fue incluida de manera gratuita, y no porque sea un elemento inherente a la naturaleza del filme.

Lo cual no quiere decir, por supuesto, que las canciones tengan que haber sido compuestas especialmente para la película. De hecho, una de las cosas más inteligentes que hace la película de Mamma Mía (sí, sí, decidí escribir este artículo aprovechando el estreno de Mamma Mía 2) es agarrar canciones ya existentes de un grupo pop famoso, e insertarlas en los momentos precisos de la historia, en donde sirven para decirnos algo sobre los personajes o sobre la narrativa.

Siendo justos, el filme contiene un par de números gratuitos —como el que protagonizan Meryl Streep y sus amigas, recordando su época de juventud—, pero son la minoría. El resto son coherentes con la caracterización de los personajes, y están filmadas con suficiente energía, estilo y contagiosa diversión como para que sea imposible que uno se aburra con ellas. Sé que mucho cinéfilos no son fanáticos de la película ni de la obra de teatro (¿de repente porque tampoco son fanáticos de ABBA?), pero hay que admitir que resulta bastante impresionante el que hayan podido adecuar estas canciones a una historia consistente.

Adicionalmente, existe otro tipo de musical, por lo que he podido observar: filmes como Cantando Bajo la Lluvia, en donde algunos de los números tienen música diegética, ya que, aparte de ser una película perteneciente al género musical, también se llevan a cabo en el mundo de los musicales, los artistas, los cantantes y/o lo músicos. Es en estos casos que algunos de los números puedan resultar gratuitos —¡bailemos y cantemos solo porque sí!—, pero se justifica precisamente porque los personajes son músicos o cantantes, o en el caso específico de Cantando bajo la lluvia, son actores que protagonizan musicales (o al menos están a punto de hacerlo; antes de eso, solo actuaban en películas mudas).

No puedo decir que ese tipo de musical sea mi favorito, pero si uno no está esperando una narrativa particularmente compleja, si no más bien, algo bastante más ligero, que se concentre en la habilidad artística de los protagonistas —qué tan bien bailan, qué tan bien cantan— y la diversión pura de la música, deberían pasarla bien.

Sin embargo, creo que uno de los mejores ejemplos de lo que un musical debe, o puede hacer, le mencionó el director Edgar Wright cuando estaba lanzando Scott Pilgrim contra el mundo.

Sí, sí, yo sé que Scott Pilgrim… no es un musical, pero aunque no lo crean, fue estructurado como uno. Según Wright, en Scott Pilgrim…, cada vez que un conflicto debía resolverse, cada vez que un punto importante de la trama debía ser avanzado, o cada vez que se tenía que mostrar algo muy específico de un personaje, sus personajes peleaban, en vez de bailar o cantar, que es lo que harían en un musical. Dicha idea se homenajea en la primera batalla con uno de los exes de Ramona Flowers, la cual comienza como un musical (tipo Bollywood) para luego convertirse en un encuentro violento y fantástico.

Y sí, yo creo que Wright tiene la razón: un musical tiene que justificar su propia existencia a través del uso de la música y del baile. Dichas secuencias tienen que contribuir a la historia, a la construcción de los protagonistas, o no solo servir como una decoración, como algo superficial que es incluido únicamente para no aburrir al público. Diegética o no diegética, la música en una cinta de este tipo tiene que sentirse como algo natural, como algo que se desarrolla orgánicamente de la trama que se quiere contar.

En Moulin Rouge, sirve para introducir personajes, o para que los protagonistas expresen sus sentimientos (usualmente románticos). En Grease pasa algo similar (con el bonus de que también ayudan a vendernos los cambios que sufre Olivia Newton John). Y En el bosque, nos remontan a los cuentos de hadas clásicos, mostrándonos que estamos ante versiones algo distorsionadas de estos personajes, quienes tienen conflictos un poco más reales y, en algunos casos, bastante más perturbadores.

En todo caso, solo espero que Mamma Mia: Vamos otra vez utilise la música de ABBA de manera igual de inteligente que su predecesora. Por lo que se ve en el trailer, estas canciones ayudarán a mostrarnos a una Donna joven (Lily James), a desarrollar más la historia de su Sophie (Amanda Seyfried), y por supuesto, a transmitir una pegajosa sensación de diversión y ligereza que convierte a estas películas en experiencias optimistas y entretenidas. Mamma Mia: Vamos otra vez no tiene que ser una obra maestra ni mucho menos; solo tiene que cumplir con lo esperado (lo cual incluye, por supuesto, las sugerencias expuestas en este texto), y estoy seguro que si lo hace, su público objetivo estará más que feliz.

Deja un comentario

Todos los campos son obligatorios

Nombre:
E-mail: (No publicado)
Comentario:
Tipo de código

Suscríbete

Ingresa tu e-mail a Lumiere World y entérate de los nuevos productos, ofertas especiales, noticias de cine, series y comics. Únete al movimiento.