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Terror religioso

Terror religioso

Por Sebastian Zavala.

La religión —especialmente la católica— ha sido una gran fuente de inspiración para el cine de terror a lo largo de los años. No soy creyente, por lo que no puedo entrar en demasiado detalles en relación a que tan fieles son estas producciones a las creencias de aquellos que le dediquen su vida a la religión; lo que sí puedo hacer, más bien, y aprovechando el estreno de “La Monja” este 6 de setiembre, es hacer un recuento, aunque sea breve, de las diferentes maneras en las que la religión ha sido aprovechada para desarrollar historias verdaderamente escalofriantes en la pantalla grande.

Evidentemente, el ejemplo más famoso de este tipo de cine —y todavía una de las mejores películas pertenecientes al género— sigue siendo “El exorcista”, de William Friedkin… y con buena razón. Sí, ha tenido varias secuelas —y hasta una precuela, la cual fue estrenada en dos versiones dirigidas por cineastas distintos—, pero la cinta original sigue siendo la más efectiva, la mejor actuada, y por supuesto, la más escalofriante.

De hecho, al ser LA película de exorcismos, fue la que introdujo al imaginario colectivo muchos de los clichés que todos relacionamos al género del terror: niñas poseídas por demonios —esta vez no es el Diablo mismo, si no más bien el demonio Pazuzu, perteneciente a la mitología sumeria, asiria, y acadia—, escenas de exorcismo ejecutadas por un cura cristiano, vómito, malas palabras, sangre, y mucho más. Se trata de una experiencia cinematográfica extremadamente chocante para la época, pero que sigue siendo bastante efectiva hoy en día. Eso sí, la película se demora bastante en arrancar —y todo lo “bueno”, por así llamarlo, sucede durante la última media hora de metraje—, así que no se trata de una película recomendable para aquellos que carezcan de paciencia.

Cinco años antes de “El exorcista”, sin embargo, tuvimos una película de terror bastante distinta: “El bebé de Rosemary”, dirigida por el controvertido Roman Polanski, es un gran ejemplo de lo que se puede hacer con una narrativa minimalista, grandes actuaciones —Mia Farrow es simplemente genial— y una dependencia de uno de los mayores miedos que podría tener uno: el de perder a su propio hijo en manos del diablo mismo. Se trata de una película impecablemente filmada, increíblemente tensa, y todavía escalofriante, incluso más de cuarenta años después de haberse estrenado en los cines.

Podría argumentarse que tanto “El exorcista” como “El bebé de Rosemary” han sido de las películas de terror más influyentes del cine norteamericano, por lo que no debería sorprender que muchas producciones posteriores hayan seguido sus pasos, ya sea visualmente, o en términos narrativos. Pero antes de pasar a películas más modernas, vale la pena mencionar una cinta de 1976, que terminó siendo igual de importante a nivel histórico: “La profecía”, de Richard Donner (sí, el mismo de la primera película de “Superman” con Christopher Reeve). “La profecía” apela a los mismos miedos que “El bebé de Rosemary” (¡niños en peligro!), pero nos trae una experiencia bastante más sangrienta y explícita, tanto así que, cuando se estrenó un remake moderno hace unos años, no pudo hacer mucho para mejorar los efectos especiales de gore. Habiendo dicho eso, miren solo la primera; el remake es de los más innecesarios que se hayan producido.

En lo que se refiere a exorcismos, hemos tenido decenas de producciones que han aprovechado dicho acto para introducir a demonios, diablos, espíritus, y demás entes malignos a sus historias. “El exorcismo de Emily Rose” es un buen ejemplo, aunque admito que me parece que la narrativa judicial es bastante más interesante que los flashbacks de terror convencional. “El rito”, con Anthony Hopkins, no es nada del otro mundo, pero al menos se ve beneficiado por una actuación central realmente potente. Y hasta la increíble “El conjuro”, de James Wan, viene con escena de exorcismo y todo, aunque ese, felizmente, no es el eje central de la cinta.

Y hablando de “El conjuro”; se trata de una saga de terror sobrenatural realmente destacable, tanto por la calidad de sus respectivas historias —fuertes en lo que se refiere a desarrollo de protagonistas—, como por lo realmente escalofriantes que terminaron siendo. Consideren, si no, la escena “del aplauso” en la primera entrega, o la “del sillón” en la segunda (si las han visto, sabrán a qué me refiero). Son películas que aprovechan la tensión y el crecimiento gradual del suspenso de manera realmente excelente, por lo que tanto los fanáticos del género, como aquellos que se mueran de miedo con este tipo de producciones, la terminan pasando muy bien a la hora de verlas.

Desgraciadamente, las precuelas dedicadas a la horrible muñeca “Annabelle” no han sido igual de exitosas. La primera entrega es tan terrorífica como un episodio de “Barney el Dinosaurio”, y la segunda, aunque superior, abusa demasiado de los jump scares (ruidos fuertes y repentinos) en vez de aprovechar bien el concepto tan perturbador de la trama que maneja. En todo caso, si son fanáticos de la franquicia, la segunda película se deja ver sin mayores problemas.

Ahora bien, cabe mencionar, también, aquellas películas que no pertenecen necesariamente al género del terror puro, pero que llegan a ser bastante perturbadoras, o al menos tienen al diávolo como personaje principal. Consideren, entonces, cintas como “El abogado del diablo”, con Keanu Reeves y un exageradísimo Al Pacino, o “Constantine”, también con Reeves, en donde tenemos, como bonus, una memorable escena de exorcismo en donde el protagonista del título hace uso de un espejo para deshacerse de un monstruo digital bastante aterrador.

Otros ejemplos relativamente recientes: Stigmata, de 1999, en donde se aprovechó bastante bien el concepto de las heridas de Jesucristo apareciendo en el cuerpo de alguien que vive en el siglo 20; La reunión del diablo, del 2010, que demostró que Mefistófeles sería capaz de crear todo un caos en medio de un ascensor; y La Orden, del 2003, en donde Heath Ledger (Q.E.P.D.), interpretando a un cura, tenía que develar los maléficos planes de una secta religiosa que planeaba dominar el mundo o algo por el estilo. A pesar de que la vi en el cine con mi papá cuando tenía como catorce años, no recuerdo muchos detalles al respecto.

Como se pueden haber dado cuenta, hemos tenido varias películas de terror religioso a lo largo de los años, la mayoría bastante decentes —desde las geniales “El exorcista” o “El bebé de Rosemary”, hasta filmes correctos como “El exorcismo de Emily Rose”, o la claustrofóbica “Así en la tierra como en el infierno”— pero otras… no tan escalofriantes. El punto es que, considerando lo verdaderamente terroríficas que pueden ser este tipo de películas, le tengo bastante fe a “La monja”, especialmente luego de haber visto el tráiler oficial. Espero que esta nueva entrega de la franquicia de “El conjuro” se asemeje más a lo que ha estado haciendo James Wan, que a las precuelas dedicadas a la muñeca “Annabelle”.

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